Me quedo contigo. Siempre. Ante cualquier situación. En cualquier lugar. No importa cómo. Me quedo contigo. En cualquier circunstancia. Sea cual sea la batalla. O la victoria. O la derrota. Me quedo contigo. Me quedo con tus manías. Tus virtudes. Tus maravillosas virtudes. Pero sobre todo, me quedo con tus defectos. Con todos y cada uno de tus desesperantes defectos. Me quedo contigo. Me quedo con tu personalidad. Con tu asombrosa, frustrante y enloquecedora personalidad. Con todo tu carácter. Todo. Entero. Sin excepción. Con toda tu bondad. Con todo tu enorme y discreto corazón. Me quedo contigo. Me quedo con tus momentos conmigo. Con mis momentos contigo. Con nuestros momentos. Con esos momentos. Me quedo con nuestra inexplicable e increíble conexión. Me quedo contigo. Me quedo con tus manos apretando fuerte las mías. Me quedo con tus abrazos. Mis abrazos. Nuestros abrazos. Esos abrazos. Ese abrazo. Ese. Me quedo contigo. Me quedo con cada "te quiero" que me has dado. Con esos que no han salido de tu boca. Sino de tus acciones. De tus detalles. De ti. Me quedo con tus "te quiero" sin voz pero con fuerza, antes que con cualquier "te quiero", venga de quien venga, venga de donde venga, venga como venga. Con los tuyos. Me quedo contigo. Contigo. Antes que con cualquier otra persona, lugar o cosa. Contigo. Me quedo CONTIGO siempre. Me quedo contigo SIEMPRE.
miércoles, 2 de marzo de 2016
lunes, 19 de octubre de 2015
La rutina es maravillosa
La cosa es que la rutina no es eso que pensamos que es. La
rutina es comprendida como algo malo, aburrido, eso que no queremos que llegue.
Qué triste...
La rutina no es eso. Es algo maravilloso. Es luchar cada día por tus sueños. Es levantarte un lunes por la mañana con una sonrisa y pensar: "¡por fin ha llegado el día!". La rutina no tiene la culpa de que los domingos sean el peor día de la semana. De que los domingos por las noches pienses que se acabó lo bueno. Los domingos deberían ser los días que se disfrutan, los días de la impaciencia. Esos que pasas pensando "mañana por fin".
La rutina no es solo lo que haces. Va mucho más allá. Es ver todos los días a las personas con las que compartes tu vida. Hablar con las personas que te importan.
La rutina de sus ojos, de su risa. La de los "te quiero", los abrazos, las sonrisas. La rutina es maravillosa.
Mi rutina es maravillosa.
Cada día, por muy malo que sea, tengo la suerte de estar rodeada de unos compañeros maravillosos que poco a poco se van convirtiendo en amigos de verdad. Tengo la suerte de tener a tres flores increíbles que me alegran cada rato amargo.
También tengo la suerte de tenerlas a ellas, a mis tres tesoros, a la familia que he elegido. A mi brujita, que me conoce más que yo, la única persona a la que no puedo engañar: es bruja. A mi trocha, siempre pendiente, siempre con sus cosas, con nuestras cosas. La mayor productora de sonrisas que conozco. Y mi avispita. Siempre al pie del cañón, con su lucha y con la mía, con sus detalles. La suerte de tener a la niña de mis ojos, mi pequeña, ese "Nina" que me tiene loca, y al pequeño ranita.
Tengo la suerte de tener a mi madre, a la que le hago las ensaladas de pasta y se las dejo en el frigorífico con un posit, la que hace que me acuerde de ella en todo momento porque la huelo en todos mis pañuelos, esos que se apropia y en los que deja su perfume. Tengo la suerte de tener a mi padre, siempre empujándome a ser la mejor versión que puedo llegar a ser. Aunque sea discutiendo. Tengo la suerte de tener a dos hermanos que son mi vida. Aunque me den unos sustos de muerte, o se queden con los caramelos o las croquetas que me traen mis maravillosas abuelas.
Tengo la suerte de tener en la otra punta de España a mis titos gallegos, dos personas especiales que me han ido viendo crecer y se han ganado mis recuerdos y mis pensamientos.
También tengo la suerte de tener a dos joyas en Corrales, dos joyas que puede que no vea todos los días, pero sí que pienso en ellos, sabiendo que en mi corazón tienen posesión de una parcela importante de mi amor.
Tengo una familia enorme, una madrina que ya quisieran muchos, un abuelo que estoy segurísima que fue el que inventó los chistes.
Tengo la suerte de venir de un lugar del que jamás podría olvidarme. Siempre presente en todo lo que hago, esas torres blancas que guardan a personas que son pura magia y emoción. Mi origen no puede ser mejor. Por eso me encanta volver de vez en cuando.
Tengo la suerte de haber encontrado mi camino, de luchar cada día por ser lo que quiero ser, por la persona en la que me quiero convertir. Por las cosas que quiero hacer. Por las personas a las que quiero ayudar. Por los niños a los que quiero salvar.
Tengo la suerte de ver los atardeceres que regala el cielo. Los arcoíris que regalan las tormentas. Los amaneceres que regala el sol. La magia de las nubes, de los pájaros, de la luna y las estrellas.
¿En qué momento se me puede ocurrir que salir de la rutina me haría más feliz?
La rutina es maravillosa.
Mi rutina es maravillosa.
La rutina no es eso. Es algo maravilloso. Es luchar cada día por tus sueños. Es levantarte un lunes por la mañana con una sonrisa y pensar: "¡por fin ha llegado el día!". La rutina no tiene la culpa de que los domingos sean el peor día de la semana. De que los domingos por las noches pienses que se acabó lo bueno. Los domingos deberían ser los días que se disfrutan, los días de la impaciencia. Esos que pasas pensando "mañana por fin".
La rutina no es solo lo que haces. Va mucho más allá. Es ver todos los días a las personas con las que compartes tu vida. Hablar con las personas que te importan.
La rutina de sus ojos, de su risa. La de los "te quiero", los abrazos, las sonrisas. La rutina es maravillosa.
Mi rutina es maravillosa.
Cada día, por muy malo que sea, tengo la suerte de estar rodeada de unos compañeros maravillosos que poco a poco se van convirtiendo en amigos de verdad. Tengo la suerte de tener a tres flores increíbles que me alegran cada rato amargo.
También tengo la suerte de tenerlas a ellas, a mis tres tesoros, a la familia que he elegido. A mi brujita, que me conoce más que yo, la única persona a la que no puedo engañar: es bruja. A mi trocha, siempre pendiente, siempre con sus cosas, con nuestras cosas. La mayor productora de sonrisas que conozco. Y mi avispita. Siempre al pie del cañón, con su lucha y con la mía, con sus detalles. La suerte de tener a la niña de mis ojos, mi pequeña, ese "Nina" que me tiene loca, y al pequeño ranita.
Tengo la suerte de tener a mi madre, a la que le hago las ensaladas de pasta y se las dejo en el frigorífico con un posit, la que hace que me acuerde de ella en todo momento porque la huelo en todos mis pañuelos, esos que se apropia y en los que deja su perfume. Tengo la suerte de tener a mi padre, siempre empujándome a ser la mejor versión que puedo llegar a ser. Aunque sea discutiendo. Tengo la suerte de tener a dos hermanos que son mi vida. Aunque me den unos sustos de muerte, o se queden con los caramelos o las croquetas que me traen mis maravillosas abuelas.
Tengo la suerte de tener en la otra punta de España a mis titos gallegos, dos personas especiales que me han ido viendo crecer y se han ganado mis recuerdos y mis pensamientos.
También tengo la suerte de tener a dos joyas en Corrales, dos joyas que puede que no vea todos los días, pero sí que pienso en ellos, sabiendo que en mi corazón tienen posesión de una parcela importante de mi amor.
Tengo una familia enorme, una madrina que ya quisieran muchos, un abuelo que estoy segurísima que fue el que inventó los chistes.
Tengo la suerte de venir de un lugar del que jamás podría olvidarme. Siempre presente en todo lo que hago, esas torres blancas que guardan a personas que son pura magia y emoción. Mi origen no puede ser mejor. Por eso me encanta volver de vez en cuando.
Tengo la suerte de haber encontrado mi camino, de luchar cada día por ser lo que quiero ser, por la persona en la que me quiero convertir. Por las cosas que quiero hacer. Por las personas a las que quiero ayudar. Por los niños a los que quiero salvar.
Tengo la suerte de ver los atardeceres que regala el cielo. Los arcoíris que regalan las tormentas. Los amaneceres que regala el sol. La magia de las nubes, de los pájaros, de la luna y las estrellas.
¿En qué momento se me puede ocurrir que salir de la rutina me haría más feliz?
La rutina es maravillosa.
Mi rutina es maravillosa.
martes, 29 de septiembre de 2015
La luna y el sol
Estamos hartos de oír que los sentimientos tienen que ir por
encima de todo. Haz lo que sienta tu corazón. Elige la carrera que te llene, y
no la que tenga más salida. Lanza una moneda al aire y, justo antes de caer,
pensarás: "ojalá salga cruz". Todos hemos escuchado frases como
"quien no arriesga, no gana", "la ilusión mueve el mundo" o
"te tiene que gustar a ti". En
cada decisión importante nos pasamos grandes períodos de tiempo barajando
diferentes opciones. Incluso puede que las tuviéramos elegidas. Pero no es
hasta el último momento cuando nos damos cuenta de cuáles son nuestros
sentimientos, por más que luchemos contra ellos, lo que realmente queremos. Por eso existen frases
como: "lo dejó plantado en el
altar" o "no se presentó a la entrevista de jefe de ventas de aquella multinacional de coches de lujo". Estamos hartos de oír discursos épicos sobre las decisiones
de la vida. Cada día al levantarnos pensamos las cosas que nos gustaría hacer,
seguido de un: "pero tengo que…". Ser feliz no es hacer lo que te da
la gana, sino amar con toda tu alma lo que haces. Para eso tienes que elegir, y
tienes que elegir bien. Por eso tienes que amar lo que eliges. Yo no me fío de
una persona a la que no le apasione lo que hace. Significa que no sabe elegir.
Que no sabe amar. Que no sabe vivir. No se trata de poner los sentimientos por
encima de todo. Los sentimientos son todo. No es un apartado de tu vida que
tengas que elevar a rango mayor. Es una esencia que debe estar presente en todos y cada uno de los aspectos de tu vida, en todos los momentos.
Los sentimientos son el motor de nuestro mundo, y la ilusión alimenta esos
motores. Por eso yo me rodeo de personas a las que le brillan los ojos. Ellas
desprenden luz y me iluminan. Hacen que brille. Es el mismo mecanismo que permite a la luna brillar gracias a la luz del sol.
Mi Diocesano
Dicen que los lugares no importan. Que un hogar no es una
casa con un sofá y una cocina bonita, sino la persona a la que amas y con la
que regresas cada día. Y que conste, creo que es verdad. ¿Acaso alguien
prefiere quedarse con un lugar a hacerlo con una persona? Pero también pienso
que existen lugares mágicos. Lugares que guardan almas, que guardan historias.
Uno de ellos es este edificio con dos torres. Sientes todas las risas, vuelves
a oír sus voces diciendo las mismas cosas de siempre. Incluso recuerdas
las lágrimas y los malos momentos, acompañados de personas que convertían todo
eso en felicidad. Cuando recorres este lugar y vas pasando por cada pasillo,
revives los recuerdos.
Siento cada abrazo a escondidas con alguien que no debía abrazar y oigo los primeros "te quiero" de verdad que recibí y que regalé.
Pero, al fin y al cabo, este lugar estaría vacío sin las personas con las que se crearon esos recuerdos. Mil miradas especiales con esas dos torres de fondo
Siento cada abrazo a escondidas con alguien que no debía abrazar y oigo los primeros "te quiero" de verdad que recibí y que regalé.
Pero, al fin y al cabo, este lugar estaría vacío sin las personas con las que se crearon esos recuerdos. Mil miradas especiales con esas dos torres de fondo
El valor de la vida
Hay quienes dicen que todos tenemos un precio. Que siempre
va a haber algo por lo que te quieras vender. Por lo que dejes de lado tus
principios. Eso puede valer. Es cierto que muchas personas lo han hecho, muchas
lo están haciendo en este momento, y que también en un futuro otras lo harán.
Porque sí, por más que pueda parecer cínico, es la pura verdad. Hay personas
que valoran el dinero, las joyas, los coches: el lujo. Y que podrían cambiar
cualquier cosa para poseerlo. Porque no hay nada más importante. Pero no. No
creo que todo el mundo tenga un precio. Cuando el mayor tesoro es la familia.
La amistad. Una puesta de sol. Un abrazo y un te quiero. Un helado en la
terraza de aquella heladería. Una sonrisa fugaz en aquella plaza. El sonido de
la risa de un niño. Cuando lo que más valoras en la vida es la propia vida, ni
la muerte te puede amenazar con matarte. Porque si te arrebata la vida, ya
estás muerto.
sábado, 11 de julio de 2015
Susurró...
Ese momento... en el que ves a esa persona alejarse, ya de espaldas, doblando esa esquina. Cuando ya te ha dicho lo siento, y te ha dado un beso en la frente de eterna despedida. Ese momento en que sientes un sudor frío en la nuca, suspiras quedándote sin un ápice de aire en tu interior. Y todo se torna en silencio, solo puedes sentir los latidos de tu corazón acelerándose. Ese momento en el que tu cabeza habla sola. Es entonces cuando ocurre la pelea entre dos partes de ti. "Es inútil", es lo único que puedes pensar. Que se acabó y que no tienes ganas tan siquiera de intentarlo. Y, cuando estás apunto de coger aire de nuevo y darte por vencida, te quedas nuevamente paralizada, sintiendo cómo el oxígeno va llegando hasta el fondo de tus pulmones en forma de energía, puedes sentir cómo la sangre se va adueñando de esa energía y cómo llega al corazón. Entonces lo oyes claramente: "Inténtalo", susurra el corazón. Entonces toda la adrenalina queda libre, y corres. Para que empiece una historia o, simplemente, para que no acabe jamás.
viernes, 1 de mayo de 2015
Mujeres y hombres y viceversa
Yo estoy harta. No se vosotras. Y tampoco sé por dónde
empezar exactamente... Creo que empezaré por el principio.
¿Qué piensas cuando tienes que describir a un hombre? A
cualquiera se le vienen a la cabeza términos como fuerte, valeroso, manitas, trabajador,
etc. El hombre es siempre el que va a salvar a la dama. Él lleva las riendas de
todo, toma las decisiones importantes, es el líder. Si alguien pide ayuda
espera que un hombre sea el rescatador y, por supuesto, ¡un hombre no puede
pedir ayuda! Los hombres no lloran. Podría seguir, pero queda claro a lo que me
refiero.
Y ahora, ¿qué piensas si tienes que describir a una mujer?
Ella es la sensible, la empática, amable, ama de casa... La mujer es la
compañera. Ella debe ser discreta, y acatar las órdenes. Debe limpiar, hacer de
comer, cuidar de los niños... Es la dama en apuros.
Es triste pero cierto. Hay miles de estereotipos respecto al
hombre y la mujer. Ello induce al machismo, y eso no significa solamente pensar
que el hombre es superior a la mujer. El machismo se ve a diario, y todas las
mujeres lo sufrimos a lo largo del día todos los días. Son los micromachismos.
Y eso lo creamos nosotras mismas, empieza con los hijos.
No es difícil verlo. Aún hoy día, cuando le preguntas a un
niño pequeño qué quiere ser de mayor te responde cosas como bombero, policía,
médico, piloto de avión, empresario... En cambio, una niña te responde
secretaria, azafata, enfermera... Desde que somos niños nos están induciendo a
eso. Queremos igualdad, pero va a ser difícil llegar a ella cuando ni nos damos
cuenta de que seguimos promulgando lo mismo.
Cuando nace un bebé, si es niña todo será rosa y si es niño
azul. Cuando van creciendo, a los niños se les va regalando cochecitos,
aviones, juegos de construcción... y a las niñas muñecas, cocinitas, incluso
¡¡un juego de limpieza!! Poco a poco ellos van adquiriendo conciencia y van
viendo que son sus madres las que friegan, doblan la ropa, limpian la casa,
hacen de comer... y a sus padres trabajar y sentarse en el sofá a ver la tele
cuando llegan.
Pero es que los tiempos cambian, y la sociedad avanza. Ahora
la mujer también trabaja, y lo increíble es que ella ¡sigue ocupándose de la
casa sola! Bueno, tal vez un día el hombre tiene la "inspiración" de
"ayudarla" en algo.
En fin, sigamos con los niños. Porque siguen creciendo, y
llegan al colegio, donde tienen quizás un uniforme, por supuesto, pantalones
para los chicos y faldas para las chicas. Y cuando son pequeños eso importa
menos a la hora de jugar, pero al crecer, ellas ni siquiera pueden jugar al
fútbol en el recreo o ¡se les levantaría la falda! Y eso es una calamidad...Ya
en infantil hay secciones diferentes en las clases, juegos de niños y niñas. ¿Y
en las jugueterías? Exactamente igual. Las niñas van a la sección rosa, donde
encontrarán barbies, carritos de bebé, osos de peluche, nenucos, disfraces de
princesa o hada... y los niños a la zona azul, donde podrán encontrar
guerreros, coches, motos, pistolas y arcos de juguete, pelotas, disfraces de
súper héroe...
Y así se sigue promoviendo una sociedad desigual. Con padres
que no dejan a sus hijos llorar cuando se caen de la bici porque son "unos
machotes" y van corriendo a abrazar a su "princesa" porque se ha
hecho daño. Y es así cuando las niñas ven a sus madres trabajar y ocuparse de
la casa y se empiezan a creer que es su obligación. Y los niños ven a sus
padres sentados en el sofá y... ¡qué gustazo ser el niño!
Los hombres para nada tienen que tener el detallazo de
AYUDAR a las mujeres. ¡Pero en qué siglo estamos! ¡Las tareas son repartidas! Las
madres piensan que las feministas ya luchan por la causa, y que algún día se
conseguirá. Sin darse siquiera cuenta de que todo lo que esas feministas están
consiguiendo, con la educación que les dan a sus hijos, las madres mismas lo
están destrozando. Todo empieza en los niños y niñas, en el ejemplo que se les
da.
Aún cuando la familia se reúne en Navidad son las mujeres
las que hacen de comer y los hombres van a comprar las bebidas. Las mujeres
ponen la mesa, y cuando acaban todos de comer, ellas recogen y friegan mientras
los hombres fuman y beben. Como si ellos no hubieran comido o ensuciado. Y a
estas alturas, a la mujer eso le da coraje, hablando claro y pronto, y no le da
la gana levantarse de la mesa a ella tampoco. Y entonces viene lo peor. Las
mujeres que si que se han levantado a limpiar ni reparan en los hombres, la
miran solo mal a ella. ¡Incluso ella misma se siente mal por no hacer nada! Y
eso que tiene a su lado a unos cuantos hombres que ni siquiera se han percatado
que es hora de limpiar.
Y eso seguirá así mientras las madres y los padres no
eduquen igualitariamente, sin estereotipos. Y aunque esos padres lo hagan,
seguirá así mientras en los colegios no se promueva. Y si solo un par de padres
lo hacen así, un día tu hija llegará a casa diciendo que tiene que hacer tal
cosa porque es una niña.
Puedo poner ejemplos y no parar.
Hablando de familias nucleares o biparentales tradicionales, su hay hermanas y
hermanos, las hermanas son las que ayudan a su madre. Un ejemplo, terminan de
cenar y la madre empieza a recoger, y tanto el padre como los hermanos se
sientan en el sofá. La hermana se aproxima a ello, y entonces el padre le
suelta: ¿te parece bien dejar que tu madre recoja sola? Y a mí me entran ganas
de reírme, pero de reírme a carcajadas y llorando y todo, porque parece una
broma. Hay que reconocer que tiene gracia que te diga eso alguien que se acaba
de tumbar en el sofá a la misma vez que tu.
Otro más. Una familia en el que
los dos padres trabajan, y aún así es la madre la que se ocupa de todo en casa.
Los hombres no se dan cuenta de que ellos no son como sus padres, que han
cambiado de época, que ahora ella también trabaja. Ellos siguen relacionando
los términos casa-mujer y trabajo-hombre. Ellos llegan a casa cansados, pero
cuidado, las mujeres son robots, ellas nunca se cansan. Y lo peor es que las
mujeres lo consienten.
En fin, ¿más ejemplos? Quien los
quiera que me los pida. Esto es así de triste, y así de triste seguirá siendo.
Una hija se seguirá sintiendo mal si no ayuda a su madre, pero como el padre y
hermanos no lo hacen, alguien tiene que hacerlo, y ella ha interiorizado que es
ella quien tiene que hacerlo. Y así es la pescadilla que se muerde la cola.
Porque esa hija no puede dejar que lo haga todo su madre, pero si los hombres
no ayudan ella no puede más que hacer algo.
Esto pasa a diario. A diario las
mujeres siguen permitiendo limpiar, tender, recoger la ropa, doblarla,
plancharla, fregar, ordenar, hacer camas, recoger, hacer de comer... solas. Aun
cuando ellas también trabajan.
Pues nada. Sigamos.
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